Obertura 1951

Para los amantes de la música clásica. Un lugar para hablar y compartir a los grandes autores.

miércoles, septiembre 06, 2006

W.A. Mozart & Albert Einstein




Para mis estimados compañeros y amigos E-simios, Generación 1972-1976.


Albert Einstein (1879-1955), el físico teórico enamorado de la música de Mozart, nació en Ulm, Alemania, de padres judíos.

Su madre Pauline Einstein era una excelente pianista y cuando interpretaba a Mozart, ésta era una de las pocas distracciones que podían hacer que Einstein levantase la cabeza de su libro.

Amaba su violín, su piano y su pipa y sentía que Mozart tenía en su música la armonía que él necesitaba para su universo. Ejecutaba a Mozart bellamente y lo ejecutaba con frecuencia.

Aparte de su trabajo, la música seguía siendo lo más importante para Einstein. Con frecuencia oía programas de música clásica en la radio. Era muy exigente. Decía “no, no” cuando un pianista perdía la pureza de Mozart. Generalmente trabajaba solo y la música era una de las escasas formas de llegar hasta él. De esto se valieron varias personas que querían tratar algún asunto con él.

Un pianista de renombre (Manfred Clynes) que lo conocía, se preguntaba qué relación podía existir entre las teorías de Einstein en física y la música de Mozart. Mozart combinaba en su música la belleza formal, la elegancia, la eternidad. Era, en esencia, realmente independiente del tiempo y del lugar y de la sociedad. Era la música para Einstein.

Mozart: el genio atemporal


Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), el genio musical mas grande que ha conocido la humanidad, vino al mundo con un don inexplicablemente completo: oído excepcional, dominio infalible del ritmo y natural comprensión de la armonía. Sólo así se puede explicar que a la edad de cuatro años pudiera empezar el aprendizaje del clavicordio. Este niño escribía notas musicales antes de conocer el abecedario.

Mozart nunca fue a la escuela, sin embargo, no solo cultivó la música. También sentía predilección especial por la aritmética y con frecuencia hacía sumas, multiplicaciones, etc. en papeles, mesas y paredes, fascinado por una ciencia que daba respuestas concretas y exactas. Ésta puede ser la clave de la perfección y exactitud de sus composiciones. Además de insuperable técnico, tenía un espíritu alegre, tierno y amoroso. Por ésta razón su música es tan emocionante como fácil de entender.

En las cartas que enviaba a su padre, familiares y amigos, siempre mencionaba cifras como: mando 300 saludos a fulano, etc.

Ni las largas y penosas horas de viaje hacía las ciudades en que debía presentarse para tocar, ni el constante retumbo de las diligencias, ni los caminos lodosos, ni las míseras posadas en las que se alojaban su padre, él y su hermana Nannerl, que también era una pianista prodigio; lograban agotar la alegría o abatir el ánimo del muchacho.

A Mozart también le gustaba jugar billar, y como sabemos, es un juego que exige exactitud para lograr una carambola.

Mozart influyó profundamente en los músicos que le siguieron: Beethoven lo estudiaba asiduamente. Haydn, considerado el padre de la sinfonía (compuso mas de 100) y maestro de Beethoven dijo en una ocasión a la familia Mozart: Ante Dios y a fuerza de hombre sincero…no conozco compositor que iguale a su hijo, tiene el gusto, y lo que es mejor, profundo conocimiento de la composición perfecta.

Chopin estaba profundamente penetrado del espíritu de Mozart. Hasta el orgulloso Wagner se inclinó ante él. Y no se diga de Tchaikovsky, el gran compositor ruso, amaba a Mozart por sobre todas las cosas. En el espíritu alegre de muchos de los valses de Strauss, y en muchas de las canciones de Schubert, se percibe la inspiradora influencia de Mozart.

Sin embargo, Mozart padeció siempre una lamentable escasez de recursos económicos. La lectura de las cartas en que Mozart suplica ayuda a sus amigos despierta la más viva indignación al evocar la imagen de aquel maravilloso genio, reducido a la condición de pordiosero. Cuatro de sus seis hijos murieron por la falta de dinero para darles atención médica y la alimentación adecuada.

Pero a pesar de tanto revés y contrariedades que sufrió, nunca llevó al pentagrama los dolores, tristezas y humillaciones de su vida. Por el contrario, cuanto peor era ésta, mayores demostraciones de valor vertía en su arte; nunca un valor desesperado, sino un valor alegre como el canto de un pájaro.

Mozart nunca hacía borradores. Conforme iba escribiendo su música, ésta era la obra definitiva. Dice uno de sus biógrafos, que parecía que Dios le estuviera dictando la música. Con frecuencia concebía en su mente obras completas y tan pronto podía las vertía en el pentagrama, sin hacer cambio alguno.

En los últimos cinco años de su vida, aunque cansado de trabajar y endeudado hasta el cuello, Mozart elevó la música a alturas de vértigo. Sus últimas sinfonías y conciertos, y sus cuatro óperas mas conocidas figuran entre las mejores obras de música clásica.

La Flauta Mágica (ópera) sólo por encima es un cuento de hadas; en el fondo está empapada en los símbolos de la francmasonería, y pregona los ideales masónicos de veracidad, perseverancia y nobleza del alma.

Hay mucho, mucho más que decir de Mozart, pero sería un escrito muy largo. Baste decir que este año 2006 es el Año de Mozart, ya que se conmemoran 250 años de su nacimiento, y con este motivo ha salido a la venta una colección completa de su obra que comprende poco mas de 170 CD´S.

Qué ironía, tanto en vida como después de muerto, Mozart hizo ganar mucho dinero a quienes presentaban o publicaban sus obras. Hoy en día, las firmas de discos y los músicos que interpretan sus obras, ganan un dineral por la venta de discos en todo el mundo.

Cabe mencionar que Einstein conocía la obra completa de Mozart, y entre sus favoritas, que son muchísimas, les menciono algunas: Sonata para piano K570, Conciertos para piano números 20, 21, 22, 23, etc., conciertos para violín 1 al 3, etc. German Dances K586, K600, K602, K605, Concierto para Corno K495 (bellísimo), todas sus sinfonías y óperas y un largo, largo etcétera.

Aunque escribió música para todos los instrumentos de su época, Mozart tenía tres como favoritos: el piano, el clarinete y la viola, y para ellos escribió el trío Kegelstatt K498, (también conocido como el trío de los bolos) el cual se dice que compuso mientras jugaba a los bolos. Extraordinaria belleza de principio a fin con el dulce sonido del clarinete. Del mismo tipo son el Quinteto para clarinete y cuerdas K581 y el K622.

Dice la historia que a los pocos meses de la muerte de Mozart, en una velada que organizó su esposa Constanze, Beethoven, que fue invitado de honor, interpretó el concierto para piano número 20 que era su favorito, el cual adornó con improvisaciones propias.

En la próxima entrega de Obertura

De Beethoven, les comentaré acerca de su obra en otra ocasión, pues también es enorme y de gran belleza. Como probadita pueden escuchar los conciertos para piano y orquesta números 1, 2, 3, 4, etc., y la sexta sinfonía llamada La Pastorela. La versión de Wilhelm Furtwängler (EMI) es en mi opinión, la mejor; aunque algo difícil de conseguir. Pero hay mucho, mucho más. Como se dice coloquialmente, lo que conocemos comúnmente de la música de concierto no es ni siquiera la punta del iceberg.